
“Sin embargo, mi viaje a Dimen fue inspirado en la música. A falta de escritura en su lengua, el kam, las canciones de los dong guardan el registro de sus tradiciones y una historia mítica de mil años de antigüedad, o al menos eso sugieren las propias melodías. Me habían dicho que cualquier habitante de la aldea entonaría una canción con sólo pedírselo y que escucharía muy diversos temas: una bienvenida que hablaba de mantener a raya a los invasores, canciones sobre la vejez o los enamorados impulsivos, las selecciones predilectas de los dong. ”
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